jueves, 26 de febrero de 2009

¿En qué momento cambiaste, Yehude?


El primer ministro, Yehude Simon, no ata ni desata. Cuando tomó el premierato, después del shock de los petro audios, pensó ingenuamente en una utópica y añorada unificación entre el gobierno y la oposición. Pues se conocía su gestión como presidente regional como Lambayeque, cargo que lo convirtió en el líder regional más importante del país. Ilusionaba a cierto sector del país, pero otros como los fujimoristas, Correo, La Razón, en fin la derecha retrógrada, se dedicaba a lanzar los vituperios ya conocidos: comunista, rojo, ay mamita!

Son solo cinco meses los que han pasado desde que tomó el cargo y nadie se hubiera imaginado el giro que ha dado el premier. De 180 grados. Aquel quien fuera perseguido y encarcelado por la década dictatorial de Fujimori, ahora hace mutis cuando se polemiza sobre el tema de derechos humanos o se pronuncian algunos sectores de izquierda. Como si tuviera miedo de algo, se agazapa, casi como si quisiera esconderse.

Desde su apoyo, su silencio cómplice, a la persecución de las ONG y algunos partidos de izquierda hasta caer casi en el ridículo y hablar de una izquierda madura ¿Madura? ¿Qué quiere decir con eso? ¿Es decir los demás partidos de centro izquierda o izquierda en sus diversos matices son inmaduros? No hay duda pues que el aprismo ha causado, en el premier, una enfermedad casi irreversible: la amnesia. Acomodado al régimen neoliberal, Yehude no encuentra comodidad alguna en el gabinete.

Es decir, tanto el sector de la izquierda- como Fuerza Social de Susana Villarán, Movimiento Nueva Izquierda, entre otros- han manifestado su desacuerdo en cuanto a esa propuesta de unificación de la izquierda con el aprismo. Por su parte, el partido fundado por Haya de La Torre, dice no gracias, ahí nomás. Y suena lógico, ahora más que nunca el APRA se arrincona hacia un maccartismo paranoico con el sello de Aldo Mariátegui. Mientras, la izquierda, en sus diferentes matices, tiene, lógicamente, distintas posturas: el acuerdo entre ellas no es de la noche a la mañana. Pero lo que tienen en común es el rechazo hacia la política económica que está llevando el gobierno. Por eso, su desacuerdo con la propuesta de Simon.

Lo que preocupa del carácter camaleónico que ha adoptado el premier es la polarización para su toma de decisiones. Por ejemplo, llamó a toda la izquierda para la unión con el APRA. A toda. Y, él en su pasado como dirigente regional y como ex preso político debería saber distinguir aquellos grises de la izquierda.

Preocupa, por otro lado, que ceda en muchas oportunidades ante el oficialismo (nombramiento de Mercedes Cabanillas, por ejemplo). Preocupa que no se haya pronunciado en contra del rechazo del gobierno con respecto a la donación de Alemania para la construcción del Museo de la Memoria. Preocupa que crea que está siendo apoyado por el aprismo, cuando este lo mira por sobre el hombro.

El futuro del primer ministro se avizora sombrío. Está gastado. El oficialismo ha aprovechado para utilizarlo de escudo...y vaya que se ha dejado usar para eso. Su ingenuidad le ha pasado factura.

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